14.05.2021 |
Javier Rivas
12:09
14/01/21

El burro y las vacunas

El burro y las vacunas

Una antigua fábula explica cómo un día un burro se cayó dentro de un pozo seco. Su dueño estuvo intentando de diversas maneras rescatar al animal, pero le resultó imposible, y resignado, decidió tapar el pozo sepultando al burro y condenando el peligro para el futuro.

Comenzó, ayudado por los vecinos, a echar paladas de tierra dentro del pozo. Y el burrito se tumbó triste, resignado, dolido con su dueño; porque lo pretendía sacrificar mientras sentía cómo le caía la tierra sobre el lomo, pero en un momento de rabia se levantó. Se sacudió la tierra y se dio cuenta que pisándola con sus pezuñas iba subiendo de cota. Cuanta más tierra caía… más se sacudía y más iba subiendo, hasta llegar a la superficie y salir corriendo.

El Covid-19 ha sido un pozo imprevisible y no señalizado en el que ha caído nuestra sociedad. Lamentablemente muchos han perdido la vida en la caída, el resto miramos hacia arriba el estrecho cielo que se perfila en el brocal. En nuestro tiempo las paladas de tierra se llaman ARN mensajero en formato vacuna de diversos fabricantes.

Parece obvio que cuanto antes salgamos del pozo (que llevará su tiempo) menos hipotermias y defunciones de personas y empresas sufriremos. En cualquier rescate el tiempo es vital. Pero no lo parece ni por parte del Gobierno de España, ni mucho menos el de Catalunya, que es quien tiene la competencia para distribuir las vacunas. Los primeros datos han sido desoladores.

Durante los meses que dura el proceso de homologación de un nuevo fármaco, hasta los profanos como yo nos habíamos enterado de los requisitos y parecía que el gran problema sería que los fabricantes pudieran garantizar una producción suficiente para abastecer el mundo. Pero las dosis llegan en palés y el problema está resultando: que no tienen las neveras adecuadas, que los festivos no se trabaja, que los puntos de vacunación son escasos y en horario laboral, que la logística de distribución por el territorio es des coordinada, que el sistema informático falla y un largo etc. que pone de manifiesto la torpeza, imprevisión y negligencia del actual gobierno de ERC+JxC.

El burro miraba hacia el brocal, y para su fortuna no tuvo que escuchar: ”Son la 15h nos vamos a casa” o “no tenemos palas, no podemos trabajar” o “las palas están en Villa Arriba, los trabajadores en Villa Abajo; pero el camión que los tiene que recoger a ambos no tiene gas oíl”. Un objetivo colateral salvó al burro gracias a la rapidez y la eficacia de los campesinos.

Miles de sanitarios se ofrecieron generosamente para las vacunaciones, profesionales incansables que llevan meses batallando contra el virus en ocasiones protegidos tan solo, con bolsas de basura.

Hay capital humano: médicos, enfermeras, farmacéuticos, odontólogos, veterinarios, informáticos, transportistas, fabricantes etc…, lo que no hay es liderazgo que los gestione en estos tiempos de guerra contra el virus.

El objetivo principal de cualquier gobernante debería ser salvar vidas (personales y económicas), Pero aquí no hay prisa, la única logística de que han sido capaces, con eficacia, fue repartir los tuppers de emulas urnas el 1-O.

Al final de Sidi (Novela de Pérez Reverte) un joven Cid debe liberar a un noble del Condado de Barcelona que ha hecho preso en la batalla. El noble está molestísimo y no para de increparle. No puede tolerar ser preso de un simple infanzón mientras que él es “noble de nacimiento”. La diferencia recae en Sidi (Señor), como lo llaman sus propios soldados a los que conoce por su nombre y con los que carga en primera línea de batalla. Es una historia de liderazgo, ausente en estos momentos difíciles. Cuando finalmente libera al noble, este se aleja gritándole “yo soy noble, a ti nadie te recordará en el futuro”, a lo que Sidi le responde indiferente: “puede ser”.

La historia subsiguiente no se escribió así. Esperemos que la nuestra tampoco y no olvidemos la negligencia de los actuales nobles, ni el valor de nuestros trabajadores.

El burro y las vacunas
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